Adultos Mayores y oportunidades para RSE

Adultos Mayores y oportunidades para RSE

Ivanna Moreira Bernal (1).- Hoy en día, uno de los problemas más preocupantes de varios países desarrollados y del mundo entero es el envejecimiento de la población. En nuestro continente, incluso ya se cuenta con una Convención Interamericana sobre Derechos de las Personas Mayores, que fue aprobado por la Organización de Estados Americanos en 2015. En cuanto a nuestro país, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, actualmente Bolivia tiene 963.596 personas mayores de 60 años, y que por lo tanto son consideradas personas adultas mayores, lo cual representa el 9% de la población total.

Sin entrar en el análisis de sus causas, el cual merecería un artículo aparte, se percibe un gran abanico de consecuencias a las que las políticas públicas se están enfrentando hoy en día. Sin embargo, este segmento de la población es vagamente atendido tanto por el sector público así como por el sector privado, sobre todo considerando la extensiva oferta de servicios especializados que se tienen en el mundo. En ese sentido el análisis se presenta en torno a dos preguntas centrales; una es ¿Por qué es importante hacer algo en beneficio de las personas adultas mayores? Y la segunda es ¿qué se puede hacer a través de la RSE?

Primero, es importante que todos empecemos a preocuparnos por invertir en beneficio de las personas adultas mayores porque ellos también son el presente. Son el presente porque están ahí en las familias y en las calles de las ciudades y aunque usted no lo crea ellos aportan al Producto Interno Bruto. De hecho representan aproximadamente 12% de la población económicamente activa, aunque sí teóricamente están fuera de la edad de trabajar.

Lamentablemente no existe una base de datos lo suficientemente extensiva que nos permita acceder a información estadística más específica sobre la situación de los adultos mayores en cuanto a sus problemas de salud, expectativas, necesidades y preferencias. Sin embargo, la certeza más firme es que los próximos años los escucharemos más porque serán más; según la organización HelpAge, el porcentaje de adultos mayores en Bolivia se incrementará hasta 14% para el 2030 y hasta 23% para el 2050, con lo cual casi uno de cada cuatro bolivianos será un adulto mayor. Además, en los últimos días ha sido publicado un estudio sobre las “Dimensiones demográficas del envejecimiento en Bolivia”, realizado por Cáritas Bolivia y el Instituto de Investigaciones Sociológicas (IDIS) de la UMSA, en el cual se concluye que la población de la tercera edad está aumentando a una velocidad de 3,7% por año, mientras que la población de toda Bolivia sólo aumenta en un 1,7%. Esto implica que efectivamente la población del país está envejeciendo muy rápido. Esta evidencia claramente implica mayor demanda de servicios y de políticas públicas y también mejor calidad de los mismos.

Por otro lado, también es importante beneficiar a las personas adultas mayores porque algo saben pero están dotados de una invisibilidad estructural. ¿Cuándo se ha escuchado en Bolivia sobre los derechos de una persona adulta mayor que está postrada en cama? ¿Sobre su voluntad y su identidad? Más aún, ¿sobre su sexualidad? Es muy bonito y reivindicativo decir que ‘los viejos tienen sabiduría’, porque es verdad, pero de nada sirve reconocer ese, como cualquier atributo, si no le damos un valor tangible.

Es decir, si sabemos que los mayores son repositorios de sabiduría, ¿cuánto los escuchamos? ¿Cuántos espacios y oportunidades tienen para expresarse? Definitivamente pocos. Más preocupante y perjudicial aún, que no darle el valor que corresponde, es lo que verdaderamente sucede en cuanto a la discriminación por edad que enfrentan las personas adultas mayores. Y esto va mucho más allá de simplemente ser una restricción en el ámbito laboral, como comúnmente se toma la condición de la edad. La discriminación por edad sucede todo el tiempo y en todos los ámbitos de la sociedad; desde los grandes prejuicios como la inactividad, enfermedad, asexualidad, etc., hasta con lo que se conoce como microedaísmos, que son las pequeñas muestras de esta discriminación que surgen en el día a día y pasan desapercibidos, como por ejemplo el “simple” hecho de decirle a alguien que ‘parece abuelo’. Esta forma de discriminación, llega a perjudicar hasta el punto de incidir negativamente en la predisposición hacia desarrollar demencias, específicamente en el caso del Alzheimer. Y es un factor de riesgo en general para las personas mayores que deben combatir con sus mismos prejuicios sobre la vejez cuando ya se encuentran en ella.

En este escenario, las oportunidades para las empresas para realizar Responsabilidad Social Empresarial abundan. Para que esto sea posible, lo primero será plantear la posibilidad real de identificar a las personas adultas mayores como un grupo de interés de la organización o al menos como parte de uno de ellos y establecerlo formalmente. A partir de ello, se podrán plantear programas y proyectos específicos ya sea por iniciativa propia de la empresa o en alianza con otras organizaciones expertas en envejecimiento y temas relacionados al adulto mayor. Algunos ejemplos de programas podrían ser los siguientes:

– Programas de Educación para Adultos Mayores; puede incluir temas variados y también se han demostrado buenos resultados al promover el intercambio intergeneracional en este nivel.
– Programas de Prevención de Violencia hacia Adultos Mayores
– Programas de Apoyo para Adultos Mayores y sus familias
– Programas Intergeneracionales
– Programas de Apoyo a la Formación de Profesionales Especializados en Adultos Mayores
– Programas de Investigación relacionados a Adultos Mayores
– Programas de utilización de TIC’s para Adultos Mayores

Además es importante incentivar a otras personas, instituciones, empresas y organizaciones a que aporten a ampliar la oferta de servicios y opciones para los adultos mayores. Para eso, otra opción es generar programas que brinden oportunidades de desarrollar nuevas ideas y emprendimientos enfocados a solucionar los problemas y necesidades de este sector de la población.

Es innegable que también se requieren políticas públicas, pero seguramente no será suficiente con eso. El sector privado debe aprender a abordar a las personas mayores inclusive como clientes y esforzarse desde ya en conocer sus tendencias, preferencias, necesidades y problemas. El mismo reto se plantea para toda la sociedad, para las familias, en cuestionar esos microedaismos en el día a día y llegar a superarlos, porque hoy son nuestros abuelos y mañana seremos nosotros mismos.

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(1) Ivanna Moreira Bernal.- Es  máster en Gerontología, Dependencia y Protección de
los Mayores  de la Universidad de Granada-España (2015). Diplomado en Responsabilidad Social Empresarial en el Tecnológico de Monterrey
Monterrey, Nuevo León – México (2015). Licenciada en Economía.
Universidad Católica Boliviana “San Pablo” ( La Paz, 2008-2013).

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