En el Altiplano boliviano, hablar de desarrollo comunitario exige mirar más allá de la actividad económica local. En el distrito minero de Bolívar, Oruro, la dependencia de la minería convive con oportunidades limitadas de empleo fuera del sector, especialmente para jóvenes y mujeres. Frente a ese desafío, Grupo Minero Sinchi Wayra decidió acompañar un proceso basado en el fortalecimiento de capacidades.
La alianza entre ONG Conexión – Manq’a y el Grupo Minero Sinchi Wayra llevó esta mirada al territorio. El propósito fue abrir alternativas de desarrollo mediante formación gastronómica, gestión empresarial, habilidades digitales y acompañamiento técnico. La apuesta fue convertir el aprendizaje en capacidades y oportunidades económicas.
El proceso comenzó con la participación de organizaciones comunitarias y juntas vecinales en la selección de beneficiarias. El diagnóstico participativo identificó la achacana como producto emblema, conectando la formación con un recurso del territorio.
25 jóvenes y mujeres de 16 a 35 años participaron en el proceso.
La iniciativa se integra a un enfoque que vincula necesidades del territorio con valor compartido, considerando materialidad, riesgos y participación comunitaria. Así, la sostenibilidad forma parte del relacionamiento comunitario.
La baja conectividad y las múltiples responsabilidades de las participantes exigieron adaptar la intervención. Se flexibilizaron horarios, se instaló temporalmente conectividad satelital y se diferenciaron los módulos digitales. El resultado fue 100% de participación sostenida y cero deserciones.
El impacto comienza cuando las capacidades se convierten en oportunidades
Grupo Minero Sinchi Wayra (Vientos Fuertes en quechua) es líder en minería subterránea en Bolivia, dedicada a la explotación y comercialización de concentrados de zinc y plomo con contenidos de plata.
Desarrollar capacidades requiere más que transferir conocimientos. El modelo de Manq’a combinó formación gastronómica y socioemocional, gestión empresarial, habilidades digitales y asistencia técnica con mentorías, capital semilla y apoyo comercial. También incorporó la revalorización de la producción local.
Los resultados son concretos. Las 25 participantes alcanzaron el 100% de cumplimiento en los tres ejes formativos: gastronomía y transformación de alimentos, habilidades digitales y gestión empresarial. Además, se impulsaron ocho iniciativas productivas y tres emprendimientos fueron seleccionados para recibir capital semilla y acompañamiento técnico en marca, comercialización y digitalización.
La achacana, identificada durante el diagnóstico participativo, conectó identidad local, transformación de alimentos y desarrollo de productos con valor agregado. Los emprendimientos avanzan hacia la vinculación comercial con el mercado Wayna y una eventual participación en FIPAZ.
Estos avances muestran el paso de la formación a la generación de capacidades aplicables. Sin embargo, el proyecto todavía no cuenta con evidencia suficiente para afirmar impactos económicos de largo plazo. La permanencia de los emprendimientos, la generación de ingresos y su capacidad de consolidarse en el mercado deberán demostrarse con el tiempo.
Formación que conecta conocimiento y territorio
La sostenibilidad también consiste en ampliar oportunidades
Hoy existen resultados verificables: 25 participantes capacitadas, ocho iniciativas productivas impulsadas, tres emprendimientos seleccionados para capital semilla, 100% de participación sostenida y cero deserciones. El siguiente paso es comprobar cuánto del aprendizaje se convierte en ingresos y negocios sostenibles.
Hablar de impacto implica observar qué permanece cuando termina el acompañamiento. La alianza entre Grupo Minero Sinchi Wayra, Conexión, Manq’a y las comunidades deja una experiencia que puede evolucionar.
Más que cerrar una historia, el proyecto abre una pregunta: ¿cómo convertir las capacidades adquiridas en oportunidades que permanezcan?




















