Por Begoña Ramos
Colaboración Externa KPMG-INFORSE
Quisiera comenzar con una idea muy sencilla: La NDC 3.0 (Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, por sus siglas en inglés) ya nos dice a dónde queremos llegar. El reto ahora es construir el puente que convierta esa ambición climática en inversión, y esa inversión en resultados.
Ese puente no puede construirse únicamente con recursos públicos. Necesita al sector privado, no solo por su capacidad de aportar capital, sino también innovación, tecnología, experiencia, gestión de riesgos y capacidad de ejecución.
Porque el cambio climático no se resolverá únicamente con mejores compromisos. Se resolverá con mejores inversiones.
Y los datos muestran la urgencia. Hoy, el financiamiento privado internacional para las economías emergentes tendría que multiplicarse casi 30 veces para cerrar la brecha de inversión climática hacia 2030.
La conclusión es clara:
La participación del sector privado no es opcional. Es indispensable.
Pero también debemos reconocer una realidad.
El capital privado no llega únicamente porque exista una necesidad climática. Llega cuando existen las condiciones adecuadas para invertir.
Desde nuestra experiencia, hay tres prioridades para acelerar las inversiones alineadas con la NDC 3.0.
La primera es convertir las prioridades climáticas en proyectos bancables.
Los inversionistas no invierten en estrategias; invierten en proyectos.
Necesitan conocer los costos, los riesgos, los retornos y el impacto esperado.
La NDC 3.0 es el plano. Ahora debemos traducir ese plano en una cartera de proyectos bien estructurados, con modelos financieros sólidos y capacidad de ejecución.
La segunda prioridad es fortalecer la confianza mediante datos y transparencia.
En los mercados financieros, la confianza se construye con información.
Cuando los datos son confiables, la incertidumbre disminuye, los riesgos se entienden mejor y el capital fluye con mayor facilidad.
Por eso, la transparencia, el monitoreo, la Taxonomía Sostenible y los sistemas de reporte no son solo herramientas regulatorias. Son herramientas para movilizar inversión.
Y la tercera prioridad es lograr una mejor asignación de los riesgos y una mayor alineación de los apetitos de riesgo entre los distintos actores.
No todos los inversionistas tienen el mismo mandato ni la misma capacidad para asumir riesgos.
Y aquí me gustaría dejar una idea muy concreta:
El capital privado no huye del riesgo; huye de los riesgos que no puede medir, gestionar o remunerar adecuadamente.
Por eso, más que eliminar el riesgo, debemos asignarlo correctamente.
Instrumentos como el blended finance, las garantías, los seguros climáticos o la participación de la banca de desarrollo permiten que cada actor asuma el riesgo que está mejor preparado para gestionar y hacen posible financiar proyectos que, de otra manera, difícilmente llegarían al mercado.
Esto es especialmente relevante para la adaptación.
Hoy, cerca del 96 % del financiamiento climático privado se concentra en mitigación, mientras que la adaptación recibe apenas alrededor del 1 %. Ahí existe una enorme oportunidad para impulsar inversiones en infraestructura resiliente, agua, agricultura y soluciones basadas en la naturaleza.
La buena noticia es que México no parte de cero.
Cuenta con una estrategia de movilización de financiamiento sostenible, con una taxonomía, con instituciones comprometidas y con un importante potencial para movilizar capital hacia la implementación de la NDC 3.0.
Iniciativas como el Climate Promise Investment Accelerator pueden desempeñar un papel clave para fortalecer ese entorno habilitador, desarrollar proyectos de calidad y conectar la ambición climática con oportunidades reales de inversión.
Permítanme concluir con tres mensajes.
Primero: la ambición climática solo genera impacto cuando se convierte en proyectos bancables.
Segundo: la confianza del mercado se construye con datos, transparencia y certidumbre.
Y tercero: acelerar la NDC 3.0 exige una mejor asignación de los riesgos y una colaboración estrecha entre el sector público, el sector privado y los organismos internacionales.
Porque el éxito de la NDC 3.0 no dependerá únicamente de las metas que nos propongamos.
Dependerá de nuestra capacidad para convertir esa ambición en inversión, esa inversión en acción y esa acción en un desarrollo más resiliente, competitivo e inclusivo para México.




















