La empresa surcoreana prioriza el desarrollo de iniciativas amigables con el medio ambiente, orientadas a mitigar problemáticas mundiales como el cambio climático y el agotamiento de los recursos.
Hace 27 años que Samsung Electronics posicionó la sostenibilidad en el corazón de sus acciones comerciales. En 1992 la compañía emitió una declaración ambiental con el compromiso de asumir responsabilidades climáticas y desde entonces sus prácticas han ido en esa dirección.
“Samsung es una empresa líder del mercado no solamente en innovación industrial sino también en sostenibilidad, porque entendió la capacidad y la responsabilidad que tiene en este tema”, explica María José Calderón, subgerente de Relaciones Públicas y ATL de Samsung Bolivia. “Por eso encabezamos la misión de mitigar amenazas globales como el cambio climático y el agotamiento de los recursos. Para nuestra compañía, cualquier recurso destinado a proteger el ambiente no es un gasto opcional, sino una inversión necesaria”.
Con 216 bases comerciales en 74 países, los esfuerzos de Samsung no solo se han centrado en controlar el impacto ambiental de sus productos, sino también el de sus establecimientos. En 2018, la compañía anunció que sus oficinas centrales y plantas de fabricación de Estados Unidos, adoptaron energía 100% renovable, y sus espacios de trabajo en Eslovaquia siguieron el ejemplo. De esta manera, la empresa encamina su meta de ampliar esta conducta a todas sus instalaciones de Norteamérica, Europa y China para 2020. A ello, se suma que la empresa implementó espacios con 63.000 metros cuadrados de energía solar y geotérmica en Corea.
Samsung cuenta con centros de recuperación y reciclaje de residuos electrónicos hace 11 años, con el objetivo de promover el uso eficiente de este tipo de desechos. Además, aplica el diseño ecológico a sus procesos, que evalúa la eficiencia energética, la eficacia de los recursos y el daño ambiental de un producto potencial desde el inicio de su desarrollo. Como resultado de estas iniciativas, en 2009 Samsung presentó “Green Memory”, una solución de semiconductores de alta velocidad, baja potencia y gran confiabilidad para aplicar en sus equipos.
Para detectar si se han incluido sustancias peligrosas en la fabricación de las piezas, Samsung cuenta con un Environment Analysis Lab. La empresa usa componentes de alta eficiencia para reducir las emisiones globales de efecto invernadero; es así que entre 2009 y 2018, logró disminuir 243,1 millones de toneladas.
Por otro lado, está el programa “Galaxy Upcycling” que funciona en base a un sistema de economía circular de recursos; esto significa recibir equipos de los clientes al final de su vida útil para reciclarlos. En los últimos 10 años, la empresa recolectó más de 3,5 millones de toneladas de basura electrónica y reutilizó 220 toneladas de plástico en sus productos. Gracias a esta práctica, en 2017 Samsung recibió el premio “Champion Award: Cutting Edge”, de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, que reconoció su trabajo innovador en la sostenibilidad de productos electrónicos.
Este año Samsung celebra su aniversario número 50 y en su base de acción tiene como eje central una visión de “negocio ecológico” preocupado por la responsabilidad del producto, la sostenibilidad de las cadenas de suministro y la contribución social. La empresa surcoreana se planteó como objetivo constante, liderar la respuesta global a la regulación ambiental impuesta por el Protocolo de Kioto en 2005, que está enfocada en bajar las emisiones de carbono y fomentar el “crecimiento verde”.

















