Publicado en la Edición Especial Energías Renovables de INFORSE
Bolivia enfrenta una oportunidad histórica para avanzar hacia un modelo de desarrollo más resiliente, inclusivo y sostenible mediante la transición energética. En un contexto marcado por la reducción de ingresos hidrocarburíferos, la presión fiscal de los subsidios a combustibles y los desafíos climáticos, la diversificación energética se convierte en una prioridad estratégica para el país.
Desde la perspectiva del [Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (https://www. undp.org/es/bolivia), la transición energética no debe entenderse únicamente como un cambio tecnológico hacia energías renovables, sino como un proceso de transformación económica y social centra do en las personas.
El enfoque de “transición justa” busca asegurar que los beneficios de esta transformación lleguen a todos los sectores de la sociedad, evitando profundizar desigualdades territoriales y sociales. Bolivia cuenta con importantes oportunidades para impulsar energía solar, eólica y electromovilidad, además de aprovechar estratégicamente minerales críticos como el litio.
Sin embargo, el desafío principal será movilizar financiamiento sostenible y generar condiciones habilitantes para atraer inversión pública y privada. La transición energética puede convertirse en un motor de reactivación económica, empleo verde e innovación, siempre que esté acompañada por políticas públicas, financiamiento climático y mecanismos de inclusión social.
El PNUD plantea que una transición justa implica fortalecer capacidades locales, promover empleos sostenibles, garantizar participación territorial y priorizar a las poblaciones más vulnerables. En ese marco, la transición energética representa para Bolivia no solo una respuesta climática, sino una oportunidad para construir un nuevo modelo de desarrollo con mayor sostenibilidad, competitividad y equidad.



















