Por Angelica Moskalenko
Colaboración Externa Inforse
Creo que llega un momento en el que dejamos de ver los problemas ambientales como algo que simplemente ocurre a nuestro alrededor y empezamos a preguntarnos qué podemos hacer frente a ellos.
Durante mucho tiempo, para mí, el cambio climático, los incendios, terremotos, contaminación y la pérdida de biodiversidad eran problemas enormes, complejos y muy grandes para que una persona puede hacer al respecto. Hasta que comprendí que, aunque no podamos resolverlos individualmente, sí podemos decidir qué lugar queremos ocupar frente a ellos. Y yo decidí participar.
Tuve la suerte de crecer junto a alguien que ya participaba en iniciativas relacionadas con estos temas. Desde pequeña pude conocer investigadores, asistir a reuniones y eventos y, sobre todo, conocer personas de diferentes lugares y profesiones que compartían una preocupación común: hacer algo por el planeta. Fue así como conocí las iniciativas de allatra.org y el trabajo de sus voluntarios. Lo que más me llamó la atención fue la diversidad de las personas que participaban. Había distintas profesiones, experiencias, conocimientos y maneras de aportar. Algunas investigaban, otras organizaban, comunicaban o entrevistaban, y otras simplemente dedicaban parte de su tiempo porque consideraban que aquello era importante.
Comprendí que el voluntariado puede tener muchas formas. Cada persona puede aportar desde lo que sabe, desde lo que puede hacer o simplemente desde el tiempo que está dispuesta a ofrecer. Al principio, yo observaba. Me interesaba lo que veía, pero todavía no sentía que pudiera formar parte de ello. Pensaba que primero debía saber mucho más. Recuerdo que, hace algunos años, durante una actividad escolar, tuve la oportunidad de reflexionar sobre nuestra relación con el medio ambiente. Me sorprendió descubrir lo fácil que es sentirse pequeña frente a problemas tan grandes.
Cuando algo parece demasiado complejo, podemos pensar que nuestras acciones son insignificantes. Pero con el tiempo me hice otra pregunta: ¿Qué pasaría si cada persona decidiera aportar algo al cambio que quiere ver? Esa pregunta cambió mi manera de mirar las cosas. Después empecé a observar las consecuencias del cambio climático. Las catástrofes y los fenómenos extremos dejaron de parecerme solo noticias que aparecían en una pantalla. Empecé a sentir que formaban parte de una realidad que podía afectar nuestras vidas y nuestro futuro. Y hoy esa realidad se expresa también en datos que me hacen pensar aún más en la importancia de participar.
El informe Limiting Overshoot del PNUMA dice que, en las condiciones actuales, ya es “inevitable” superar los 1,5 °C de calentamiento global. [UNEP – UN Environment Programme], la OMM estima un 91 % la probabilidad de que esto suceda en al menos un año entre 2026 y 2030. [World Meteorological Organization]. Esto hace que el futuro se vea más cercano. Y cuando pienso en el pulmón de nuestro planeta, cerca del 18% de la Amazonía ya ha sido deforestado o degradado, y hace un tiempo, los científicos Carlos Nobre y Thomas Lovejoy advertían que, si la deforestación llegaba alrededor del 22 %, la Amazonía podría convertirse en una sabana seca. [Science Panel for the Amazon; PubMed Central]
Conocer esto me hizo pensar en algo muy sencillo: los problemas ambientales no son solamente cifras. Detrás de ellas están los bosques, el agua, los animales, las comunidades y también nuestra propia vida. Y cuanto más intento comprender, más conexiones encuentro. Comprendí que detrás de aquello que vemos pueden existir dimensiones de un problema que todavía necesitamos estudiar y comprender mejor, como los nanoplásticos.
Cuando pensaba en la contaminación por plásticos, imaginaba: botellas, envases y residuos. Descubrir que existen partículas de plástico del tamaño de algunos virus, difíciles de detectar, me hizo ver el problema de otra manera. Eso despertó mi curiosidad. Y quizá una de las cosas más importantes que he aprendido es precisamente esta: seguir preguntando. Intentar comprender de dónde surge un problema, qué aspectos involucra, qué conocemos y qué necesitamos investigar. No siempre encuentro respuestas, pero he aprendido que buscar comprender también es una forma de participar. Hoy sabemos que los nanoplásticos están siendo estudiados en el agua, el suelo, el aire, los alimentos y los organismos, así como sus efectos en la biosfera. [Science of the Total Environment; Nature Reviews Bioengineering]
A partir de ahí decidí estar más presente. Empecé a asistir a eventos, escuchar, conversar con personas, intercambiar ideas y compartir aquello que iba aprendiendo. También tuve el honor de participar en una mesa redonda y hablar directamente sobre estos temas. Para mí fue un momento importante. Hasta entonces había estado observando. Esta vez estaba participando. Descubrí que participar puede ser mucho más sencillo de lo que imaginamos.
No necesitamos hacer todos lo mismo. Hay quienes investigan, estudian, organizan, comunican o aportan conocimientos profesionales; quienes ayudan en actividades, y también quienes simplemente encuentran unas horas para colaborar. Todos esos aportes tienen valor. Esto es algo que he podido experimentar en allatra.org: diferentes experiencias, profesiones y capacidades pueden encontrarse alrededor de una preocupación común.
No necesitamos ser iguales para colaborar. Creo que ahí encuentro una de las mayores fortalezas del voluntariado. Es un espacio donde una preocupación puede convertirse en participación y donde una pequeña contribución individual puede formar parte de un esfuerzo colectivo. Y creo que esto es especialmente importante para las nuevas generaciones. No porque tengamos todas las respuestas, sino porque somos parte del futuro que se está construyendo ahora.
Queremos estudiar, trabajar, viajar, tener proyectos, formar nuestras propias vidas y disfrutar del mundo que recibimos. Queremos que quienes vengan después de nosotros también tengan esa oportunidad. Queremos tener un futuro.
Y quizá ese deseo también pueda convertirse en una responsabilidad. Cada generación recibe un mundo y, de alguna manera, participa en la decisión de qué hará con él. No podemos controlar todas las decisiones ni resolver individualmente problemas globales, pero sí podemos decidir cuánto nos interesa aquello que ocurre a nuestro alrededor y cuánto estamos dispuestos a aportar. Podemos comenzar con algo muy sencillo: interesarnos. Después, aprender, preguntar, escuchar, compartir. Y, cuando sea posible, actuar. No necesitamos esperar a tener todas las respuestas para comenzar a participar. Yo aún sigo aprendiendo. Todavía tengo muchas preguntas y muchas cosas por comprender. Pero hoy sé que quiero participar. Porque el futuro no está completamente escrito. Y aunque no podamos saber exactamente cómo será, sí podemos decidir qué hacemos hoy para ayudar a construirlo.
Quizá el cambio comience precisamente cuando dejamos de preguntarnos si una sola persona puede cambiar el mundo y empezamos a preguntarnos qué podemos aportar junto a los demás. Yo no sé cómo será el futuro. Pero sé que quiero construirlo. Y quiero tener uno.
*Angelica Moskalenko, in JUVENTUD Y SOSTENIBILIDAD
17 de septiembre de 2026



















